“La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”

Thomas Mann

La democracia occidental trajo consigo un relato de liberación y consensos, donde el poder reside en la población quien mediante el sufragio elige a los que deben gobernarla.

Escrito por:   Andrea Samaniego Sánchez

Esto, en principio es el eje toral que se sustenta en el liberalismo político y que mandata que tenemos la libertad para elegir y tomar decisiones en el espacio público que, posteriormente se convierten en políticas públicas específicas.

Sin embargo, la realidad se complejiza en tanto existen gran número de perspectivas y visiones sobre los temas que se discuten en la agenda pública, así como las medidas o mecanismos que deberán implementarse para resolver esos problemas determinados por una autoridad electa.

Te invitamos a leer: Futuro, inacción y negación.

Dicho de otro modo, la democracia en principio es el mecanismo por el cual se eligen a las autoridades que después tomarán decisiones sobre los problemas públicos, pero, en ese intervalo, existe gran diversidad de agendas que se consideran o desechan en el debate.

Esto tiene como primera consecuencia el que haya asuntos no tratados y delegados para otro tiempo, para alguien más que sí los retome; pero más que eso, una segunda consecuencia es pensar que la democracia no ayuda a la toma de decisiones, que en esos espacios de deliberación donde se discuten los temas públicos, nuestros representantes no se logran poner de acuerdo lo que resulta en una inacción gubernamental.

A todos los que consideran que la pluralidad en democracia deriva en procesos más lentos, habría que indicarles que la pluralidad es por excelencia el elemento central de la democracia: pensar que todos somos iguales, que todos tenemos los mismos intereses, que todos consideramos las mismas respuestas para un mismo problema sería, por decir lo menos, una ilusión o quimera.

Somos distintos, tenemos historias diferentes, pensamos, leemos, queremos de formas diversas, no tendríamos por qué suponer que somos iguales y que entonces las discusiones fueran entre idénticos y de sencilla solución, de ahí que la tolerancia sea central en democracia. A partir de ella respetamos al otro, al distinto, al que nos provee de una perspectiva distinta.

El reto, por tanto, es fortalecer la pluralidad y la tolerancia como baluartes democráticos, es comprender al otro y los otros, la diversidad, los múltiples relatos y en esa medida crear sendos mecanismos de diálogo y discusión para que, entre la mayoría posible, se puedan establecer acuerdos y proyectos con la mayoría, que, si bien pueden demorar más en ser establecidos, estos tendrán mayor legitimidad y consensos, así como aceptación.

Nada más peligroso es que se imponga el discurso único y la vía única para una democracia, ese es el camino que implementan los regímenes autoritarios.

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Frase clave: La tolerancia

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