Suplicantes
“Suplicantes” de Eurípides es una tragedia singular en el corpus del dramaturgo ateniense. En ella se entrelazan temas profundamente humanos: la piedad, el deber cívico, la guerra y las tensiones entre los derechos individuales y las responsabilidades comunitarias. Esta obra, menos conocida que otras tragedias euripídeas, constituye una exploración sobre el dolor colectivo y la posibilidad de reconciliación, elementos que la conectan de manera directa con el pensamiento trágico universal.
Un Artículo de: México social/ Saúl Arellano
En “Suplicantes”, Eurípides aborda el destino de las madres de los soldados argivos que han caído en la fallida expedición contra Tebas, inmortalizada en el mito de los Siete contra Tebas. Estas mujeres, lideradas por Adrasto, acuden a Atenas para rogar al rey Teseo que interceda y recupere los cuerpos de sus hijos, pues los tebanos han negado su sepultura. Teseo, después de considerar los argumentos morales y políticos, acepta ayudarlas, lo que culmina en un enfrentamiento armado y la recuperación de los cadáveres para darles sepultura.
Eurípides utiliza esta premisa para reflexionar sobre la piedad (eusebeia), la justicia (dike), la soberanía política y la humanidad compartida.
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En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche distingue entre los impulsos apolíneo y dionisíaco, que convergen en la tragedia griega. “Suplicantes” encarna esta tensión al presentar un conflicto entre el orden político representado por Teseo y el caos emocional de las madres suplicantes. El acto de Teseo de confrontar a Tebas simboliza un triunfo apolíneo: la imposición del orden y la justicia en medio del desorden. Sin embargo, el lamento de las madres y la presencia de Adrasto evocan el sufrimiento dionisíaco, que nos recuerda la inevitabilidad del dolor humano y la fragilidad de la vida.
Ese dualismo estructura toda la obra de Eurípides: mientras Teseo encarna el principio apolíneo al buscar la justicia y la restauración de la dignidad a través de una acción política meditada, las madres suplicantes representan el grito dionisíaco de la desesperación humana ante la muerte y la negación de ritos fundamentales. Eurípides, al exponer estos conflictos, no toma partido de forma definitiva, sino que coloca a sus personajes y al público en una posición de ambigüedad, enfrentando la crudeza de lo inevitable y la necesidad del consuelo estructurado.
Por su parte, en su obra, Mímesis, Auerbach subraya cómo la literatura trágica griega logra representar conflictos universales a través de personajes específicos y acciones particulares. En “Suplicantes”, Eurípides sitúa a Teseo como un mediador entre los intereses colectivos y las necesidades individuales, mostrando el choque entre el deber político y la compasión personal. La obra es realista en su exploración de las tensiones entre las ciudades-estado griegas, pero también profundamente simbólica al representar a Atenas como la campeona de la justicia universal.
Auerbach ofrece una clave para interpretar este dilema al observar cómo la literatura antigua transforma lo particular en lo universal. En efecto, el conflicto entre Tebas y Atenas no es solo un choque entre ciudades-estado, sino una alegoría de las tensiones perennes entre el deber político, el derecho individual y la necesidad de cohesión comunitaria. La obra resuena más allá de su contexto histórico al plantear preguntas sobre la responsabilidad ética de los líderes, las implicaciones del poder y la fragilidad de la justicia frente a la violencia estructural.
Harold Bloom, en su teoría de la anatomía de la influencia, señala que los grandes autores reinterpretan los mitos previos para ofrecer una visión original. Eurípides toma el mito de los Siete contra Tebas, tradicionalmente centrado en el heroísmo y la guerra, y lo transforma en una meditación sobre la dignidad humana. Al centrarse en las madres, Eurípides desafía la tradición heroica y enfatiza las consecuencias humanas de la guerra, ofreciendo una perspectiva radicalmente distinta a la de Esquilo en Los siete contra Tebas.
De otro lado, en La violencia y lo sagrado, Girard analiza cómo las sociedades canalizan la violencia a través de rituales y sacrificios. “Suplicantes” refleja esta dinámica al centrar su trama en la negación y la recuperación de los cuerpos. Los cadáveres no sepultados simbolizan una violencia sin resolución, que amenaza con desestabilizar el orden social.
El autor sugiere además que la tragedia griega, al igual que los rituales, funciona como un mecanismo para canalizar la violencia y evitar que esta desestabilice la comunidad. En “Suplicantes”, la negativa de Tebas a permitir la sepultura de los muertos genera una violencia que amenaza con expandirse más allá del campo de batalla.
Teseo, al actuar como mediador, no solo asegura la sepultura, sino que interrumpe un ciclo potencial de venganza, restableciendo un orden simbólico que beneficia tanto a los vivos como a los muertos. Sin embargo, Eurípides no idealiza esta solución; el acto de Teseo, aunque justo, no borra el sufrimiento de las madres ni la devastación que la guerra ya ha causado. Girard nos ayuda a ver cómo esta tragedia se mueve en la frontera entre el sacrificio y la reconciliación, entre el caos y el frágil orden civilizatorio.
En “Suplicantes”, Atenas no es solo un escenario, sino un personaje en sí mismo que tiene dimensiones en lo moral y lo político. Eurípides convierte a la ciudad en un símbolo de justicia y civilización, contrastándola con la intransigencia de Tebas. Sin embargo, esta representación no está libre de matices. Mientras Nietzsche identifica en Atenas el principio apolíneo que otorga estructura y sentido, Girard nos invita a cuestionar la base de ese orden, fundada muchas veces en actos de violencia controlada. Eurípides parece sugerir que la polis ideal solo puede mantenerse mientras sus líderes sean capaces de equilibrar la compasión con la firmeza, la piedad con la acción estratégica.
Al integrar las perspectivas de Nietzsche, Auerbach, Bloom y Girard, “Suplicantes” se revela como una obra que trasciende su contexto histórico para abordar preocupaciones universales. El sufrimiento de las madres, la intervención de Teseo, y el enfrentamiento entre Tebas y Atenas no son meros episodios del pasado, sino alegorías de las tensiones que persisten en toda comunidad humana: la lucha entre el deber y la compasión, la justicia y la violencia, el orden y el caos.
Eurípides, al presentar estos conflictos, no ofrece respuestas fáciles, sino que emplaza al espectador —antiguo o contemporáneo— a reflexionar sobre sus propios dilemas éticos y políticos. La tragedia, en este sentido, cumple su función más profunda: iluminar las complejidades de lo humano y recordarnos que, como observó Nietzsche, “lo que es grande en el hombre es que es un puente y no un fin”.
La tragedia “Suplicantes” sigue siendo profundamente relevante en un mundo marcado por conflictos bélicos y crisis humanitarias. Las preguntas que plantea sobre la responsabilidad colectiva, la dignidad de los muertos y la intervención en asuntos externos tienen ecos en los debates modernos sobre derechos humanos y justicia internacional.
En “Suplicantes”, Eurípides combina un profundo humanismo con una aguda crítica social, creando una obra que trasciende su contexto histórico para convertirse en una meditación intemporal sobre la justicia, la piedad y la fragilidad de la condición humana. A través de las lentes de Nietzsche, Auerbach, Bloom y Girard, podemos apreciar cómo esta tragedia nos desafía a confrontar no solo nuestras responsabilidades hacia los demás, sino también nuestras propias limitaciones como individuos y comunidades.
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