En los próximos días, a más tardar el 1º de abril, la Cámara de Diputados recibirá el documento marco para la política económica de 2026, con lo que de hecho iniciará el ciclo hacendario del segundo año del actual gobierno. Parece prematuro, pero tiene sentido iniciar con anticipación las discusiones y preparar con tiempo los pasos a seguir con el siguiente presupuesto federal.
Escrito por: Enrique Provencio D.
Lo más probable, sin embargo, es que dicha Cámara le de un trámite formal al envío y que no haya discusión alguna sobre los escenarios que se le presenten. Los llamados Pre Criterios Generales de Política Económica no ponen sobre la mesa datos fijos e inamovibles, sino las posibles rutas que puede seguir la economía en el año en curso y en el siguiente, y las opciones que hay para fortalecer ingresos y gastos públicos, y a partir de eso adelantan objetivos y programas prioritarios.
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Realizar esas estimaciones es una tarea muy compleja, sobre todo cuando hay tantas incertidumbres sobre el futuro cercano de la economía, como está ocurriendo ahora. Ya hace casi un año, desde principios de 2024, nos encontramos en una disminución del crecimiento, y en un claro retroceso en algunas regiones y actividades económicas.
Es una situación que deliberadamente se minimiza en el discurso público, e incluso se le banaliza, como si el estancamiento económico no importara, como si no tuviera consecuencias para la población, para las capacidades gubernamentales de resolver problemas y en general para el futuro de la sociedad y del bienestar.
Estamos repitiendo, de hecho, algo que ya vimos en 2019. Cuando claramente se veía que la economía estaba decreciendo, desde las conferencias de prensa del presidente se subestimaba el tema con frases que descalificaban los análisis que mostraban el deterioro, se denostaba a quienes formulaban pronósticos desfavorables, y se enfrentaba a los organismos internacionales que publicaban informes constatando el declive.
Aún más, emitir opiniones sobre el curso tambaleante de la economía llegó a ser considerado como una operación contraria a los propósitos del entonces nuevo gobierno. Después se agregó una respuesta oficial más relevante: que fijarse en el comportamiento económico era un error de fondo, porque a fin de cuentas no importa tanto, ya que lo relevante es el bienestar, entendido este sobre todo como la operación de programas sociales y como mejora del salario mínimo.
Esta era y es una verdad a medias: nadie duda o debe dudar que lo relevante debe ser el bienestar y la distribución, pero es un equívoco desvincular las condiciones sociales, de la producción, la inversión, el empleo, la generación de ingresos, la tributación y tantos otros factores que median entre la economía y la vida cotidiana de las personas. Había y hay muchas correcciones que hacer, no cabe duda, para mejorar la distribución y para favorecer a los grupos de menor ingreso, y eso habrá que seguirlo haciendo sin desatender la política productiva.
Estas son algunas imágenes de lo que está ocurriendo con la economía mexicana: en el primer bimestre de 2025 se perdieron 236, 000 empleos; el presupuesto programable del Gobierno Federal se redujo 21 por ciento; el producto por persona en el último trimestre se equipara apenas con el de seis años atrás, y la expectativa para todo 2025 es que no haya crecimiento o que sea negativo si se generalizan los aranceles a las exportaciones a Estados Unidos.
Estamos en un franco estancamiento con regiones y actividades en retroceso, ya no solo en una desaceleración, y al mismo tiempo enfrentamos, por un lado, la ruda incertidumbre externa, y, por otro, la gran restricción de una finanzas públicas exiguas que no se relajarán para 2026 y años siguientes.
La principal consecuencia está siendo la baja creación de empleos: apenas un tercio de lo que requerimos para que no se vaya más población a la informalidad. Una de las principales metas para los próximos años es que la informalidad baje cinco puntos porcentuales, una tarea urgente y a todas luces deseable, pero eso difícilmente ocurrirá con una economía que crece muy poco y que por tanto no genera los empleos necesarios.
De esto y mucho más es de lo que tendría que discutirse a partir de que este 1º de abril, a mas tardar, la Cámara de Diputados reciba los Pre Criterios Generales de Política Económica para 2026.
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