por Alejandra Guadarrama
Bajo ciertas condiciones, las ficciones pueden ayudarnos. A veces, hasta pueden aliviarnos, iluminarnos y mostrarnos el camino. Sobre todo, pueden recordarnos nuestra condición, traspasar la apariencia superficial de las cosas, hacer que reconozcamos corrientes superficiales y corrientes subyacentes. Las ficciones pueden alimentar nuestra conciencia, lo cual puede generar la facultad de saber, si no quienes somos, al menos qué somos, un conocimiento esencial que nace de la confrontación con la voz de otro.
Alberto Manguel, La ciudad de las palabras (Almadía, 2010)