por María Gourley (@GourleyMaria)
Si las disposiciones de género fueran naturales no requeriríamos de esfuerzos tempranos para regularlas. Las niñas no vestirían de rosa y los niños de azul, las niñas no recibirían muñecas para aprender a ser madres y Barbies para aprender a ser seductoras, y los niños no recibirían autos de juguete para aprender a ser independientes ni pelotas de futbol para aprender a ser competitivos. No existirían los cuentos de princesas rescatadas ni de príncipes salvadores. No sería necesario.