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Claudia Sheinbaum y la necesaria nueva “asamblea de las mujeres”

Claudia Sheinbaum y la necesaria nueva “asamblea de las mujeres”

Entre sus numerosas comedias, Aristófanes escribió una con el título de “La Asamblea de las Mujeres”. En ella, la historia versa sobre un grupo de mujeres que, ante la decadencia de la ciudad, se disponen a convencer a la asamblea de que ellas son quienes mejor pueden y deben gobernar Atenas.

Aristófanes fue quizá el más grande escritor de comedias en la Grecia antigua. Vivió, según el consenso de sus biógrafos, entre el 444 a.C. y el 385, a.C. En sus obras, todo pasa por el tamiz de la ironía: los dioses sufren miserias y se tiran pedos; mientras que los humanos son caricaturizados hasta el ridículo; por ejemplo, Sócrates es presentado como un bufón, y los tiranos como unos payasos.

Mujeres en el gobierno, un cambio estructural

Son tres las razones que las mujeres, encabezadas por Praxágora, esgrimen para convencer a la asamblea popular de Atenas, de que son ellas, y nadie más, quienes deben gobernar la polis. Y son las siguientes: a) no obedecen al espíritu guerrero de los hombres; b) son las mejores administradoras posibles, pues con muy poco hacen que la casa tenga lo necesario para vivir con decoro, y c) poseen un mucho mayor sentido de la igualdad y la justicia que los hombres.

Hay quienes afirman que Aristófanes planteó esta propuesta de cambio estructural en el gobierno de Atenas y que lo hizo a través de una comedia. Así, el mensaje social, particularmente a las niñas, niños y jóvenes griegos era, según algunos intérpretes, que el mandato de una mujer solo era posible mediante una caricatura.

Discrepo de esa interpretación. Aristófanes encontró en la comedia el instrumento de crítica perfecto y el mejor vehículo de comunicación con Atenas. Para Aristófanes la comedia era cosa seria, y a tal nivel que la posibilidad de un gobierno encabezado por una asamblea de mujeres era no sólo posible sino auténticamente deseable.

Escuchar a las mujeres

Pensar en referentes históricos es relevante en nuestro contexto de extrema violencia contra las mujeres. Esto nos enseña que en momentos de crisis, lo urgente es, en primerísimo lugar, escuchar auténticamente lo que las mujeres tienen qué decir. Y no por una “graciosa concesión”, sino porque la igualdad es un derecho constitucional, y porque sin igualdad no hay democracia ni Estado de bienestar.

Desde esta perspectiva, llama la atención que la discusión política nacional se ha enfocado a criticar la reacción de Claudia Sheinbaum al frente del gobierno de la Ciudad de México. Si bien es cierto que ha cometido errores en su corta administración, lo es también que este nivel de crítica y descalificación no los han llevado a cabo en contra de gobernadores en entidades igual o mucho más violentas contra las mujeres.

Nuevamente, sin dejar de señalar los yerros de Sheinbaum, la virulencia de la crítica en su contra obliga a preguntarse si en el fondo la pregunta que sigue planteándose por muchos es si las mujeres en general tienen o no la capacidad de gobernar.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en la Ciudad de México se han cometido 26 feminicidios entre enero y julio del 2019. En Chihuahua se cometieron 27; Jalisco, 22; estado de México, 53; Morelos, 24; Nuevo León, 32; Puebla, 38; Sinaloa, 25; Sonora, 26; y en Veracruz, la monstruosa cifra de 120.

¿Dónde están las marchas y la severa crítica de la prensa contra Cuitláhuac García, Cuauhtémoc Blanco, Claudia Pavlovich? ¿O contra Jaime Rodríguez, Alfredo del Mazo, Quirino Ordaz, Enrique Alfaro, Javier Corral y los demás gobernadores?

No debe perderse el foco

No nos equivoquemos. Las marchas y la protesta no deben solo personalizarse. No debe perderse el foco y entender que se trata de derrocar al patriarcado, independientemente de que quien gobierne sea hombre o mujer, o que represente a un gobierno de derecha o de izquierda.

Aristófanes argumenta: para acabar con la decadencia de Atenas se ha intentado todo, excepto que gobiernen las mujeres. En nuestra realidad, como entonces, sin duda es hora de intentarlo.

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