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Crecimiento, sustentabilidad climática y combate a la pobreza

por Rosa E. Montes/Roberto Cabral

Cintillo-junio

En su Informe de la Economía del Cambio ClimáticoI, Nicholas Stern afirma que el cambio climático es la mayor falla de mercado desde la Revolución Industrial. El calentamiento global ya está teniendo, y tendrá cada vez más, efectos negativos sobre el crecimiento económico y el bienestar social, e incluso puede ser una amenaza para la reproducción del capital


Algunos hechos: solamente la tormenta Sandy, que azotó Nueva York en 2012, produjo daños por 19 mil millones de dólares. En los países pobres y de ingreso medio, esos daños cuestan 300 mil millones de dólares anualesII. En un escenario económico y climático -business as usual- sin acciones para mitigar la emisión de gases efecto invernadero (GEI) y sin adaptación a los cambios en la temperatura, en el nivel del mar, en la frecuencia de huracanes y sequías, etcétera, para 2050 los costos de los impactos del cambio climático serán como mínimo del 5% del PIB global anual, y podrían llegar hasta el 20% si se considera el efecto exponencial de los desastres naturalesIII.

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Además de una estricta normatividad para enfrentar esta falla de mercado, la contención y regulación del fenómeno requiere de inversiones sustanciales en tecnologías limpias, en adaptación de los asentamientos humanos y las actividades productivas tradicionales, así como para la conservación de recursos naturales y ecosistemas.

Las fuentes principales de emisiones son la industria, los transportes, la construcción y las actividades agropecuarias y de cambio en el uso del suelo. El costo de reducir las emisiones para alcanzar el objetivo último de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que la temperatura media del planeta no aumente más allá de 2ºC en relación con la temperatura media anual del planeta al inicio de la Revolución Industrial, hacia el año 2050, fluctuará cada año entre 1% y 2% del PIB global, magnitud significativamente menor que el impacto de la inacciónIV.

Tecnológica y económicamente es posible reducir la emisión de GEI y evitar el incremento de 2ºC en la temperatura global del planeta, e incluso, muy probablemente, contener este aumento en 1.5ºC. Hay tecnologías limpias cada vez más baratas. Esta y otras opciones también tienen beneficios económicos, sociales (mejoras a la salud) y ambientales.

Además, y aunque no hubiera urgencia de reducir las emisiones, son medidas que de todos modos habría que implementar. Ponerlas en práctica permitirá alcanzar el 90% de las reducciones necesarias al año 2030 para evitar que en este siglo la temperatura aumente más de 2ºC. A decir de N. Stern y Jeffrey SachsV, son la base de una nueva economía.

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Apuntamos que no es el cambio climático el único problema ambiental que amenaza la vida en el planeta tal como la conocemos ahora. En los últimos años se han desarrollado varios análisis y propuestas, entre ellos el del Stockholm Rescilience CenterVI, que identificó nueve procesos de cambio global: cambio climático, acidificación de los océanos, disminución del ozono estratosférico, dinámica de los aerosoles atmosféricos, flujos biogeoquímicos (interferencia con los ciclos del nitrógeno y del fósforo), utilización global del agua dulce, transformación de los ecosistemas terrestres, pérdida de biodiversidad y contaminación químicaVII.

Las fuentes de energía y su uso son clave para frenar el calentamiento global. La producción y uso de energía  proveniente del carbón, petróleo y gas representa más del 65% de los GEI. La demanda de energía de 1990 hasta ahora se ha incrementado en 50% y seguirá creciendo en países en vías de desarrollo. Será exponencial en China y sobre todo en India.

Lo más importante de esto es cómo se abastecerá esa demanda. Lo que se construya ahora, en los próximos cinco años, determinará la matriz energética de las próximas décadas y con ello la emisión de GEI. Aunque aún es más barata la energía proveniente de energías fósiles, el precio de las energías alternativas ha bajado sustancialmente y seguirá bajandoVIII.

En todos los sectores y en muchas áreas específicas se han identificado las acciones y los cambios necesarios para reducir las emisiones de GEI. Están planteadas las medidas para mitigar las emisiones sin frenar sustancialmente el crecimiento económico y las fuentes del bienestar. El motor de crecimiento que se propone es, sobre todo, la conversión gradual, pero urgente, de los actuales procesos productivos a unos bajos o nulos en carbono.

En las medidas de mitigación puede haber grupos sociales y actividades perjudicadas, por lo que es necesario identificarlos y prevenir el daño social y económico, principalmente en las comunidades más pobres que no puedan beneficiarse o compensar los cambios que necesariamente vendrán.

También habrá cambios en la vida cotidiana en general. Las ciudades compactas con buen sistema público de transporte están mejor equipadas para el futuro. En otros rubros, ahora tenemos mejor información sobre la alimentación y nutrición y es de esperarse que ello modifique la demanda de alimentos.

Una preocupación es que en el combate al cambio climático no se tome en cuenta la necesidad de combatir la pobreza y reducir la desigualdad. Tanto el documento del Banco Mundial “Crecimiento Verde Incluyente”IX, como el reporte “Mejor Crecimiento, Mejor Clima” lo señalan. Este último hace más énfasis en ello y señala que: “el crecimiento que no toma en cuenta los riesgos climáticos tiene pocas posibilidades de ser sustentable para los inversionistas que saben que el valor de sus bienes en el futuros puede perderse, pero al mismo tiempo la reducción de riesgos climáticos que se hace a costa del crecimiento o que afecte negativamente  los hogares de bajos ingresos, nunca será políticamente viable y el objetivo central del reporte es aprender como juntar ambas partes de esta ecuación”X.

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Se requiere articular los motores del crecimiento climáticamente sustentable para hacerlo más incluyente y seleccionar en función de ello las políticas para su implementación. Pero si bien en la mayoría de las medidas de mitigación hay oportunidades de asegurar que éstas sean incluyentes, son las medidas de adaptación las que pueden y deben convertirse en políticas redistributivas y de combate a la pobreza y a la desigualdad.

La adaptación al cambio climático tiene incidencia en el reordenamiento de asentamientos humanos riesgosos; la protección de la salud, amenazada por el calentamiento global; políticas de producción de alimentos, de uso del agua, de educación y capacitación en nuevos procesos; etcétera. De manera que la inclusión, el combate a la pobreza y el mejoramiento de la distribución del ingreso deben ser parte central en las políticas para enfrentar el cambio climático.

La equidad no sólo entre países (para lo cual hay, y se están diseñando más mecanismos de financiamiento, aunque insuficientes aúnXI), sino en cada país y sus regiones y sectores, debe ser un objetivo al diseñar y poner en marcha cada una de las muy deseables medidas climáticas para que no acentúen la desigualdad. Cuando éstas tengan altos requerimientos de capital, educación y conocimiento se deberá prever cómo pueden acceder a ello los más vulnerables.

Los gobiernos y la comunidad internacional deben hacerse cargo de proporcionar los recursos económicos y otros para hacer accesibles los nuevos desarrollos, protegiendo derechos y patrimonio en asentamientos humanos de ingresos bajos y estimulando nuevas ciudades compactas, apoyando y fomentando la transición tecnológica para los campesinos pobres hacia una agricultura de precisión tecnificada y computarizado y desarrollando programas e instrumentos para generar empleos y para que los desplazados por el cambio tecnológico adquieran las habilidades que les permitan reinsertarse en el mercado.

En resumen, el cambio climático ya está aquí y tiene implicaciones negativas innegables para el desarrollo social. Hay medidas bien identificadas para mitigar las emisiones y para facilitar la adaptación, y hay que hacerlo con estrategias que eviten que los costos se descarguen sobre los grupos más vulnerables y desfavorecidos, agravando la desigualdad y reproduciendo los círculos de pobreza.

NOTAS Y REFERENCIAS:

I. Stern, N., y colaboradores: The Stern Review: TheEconomics of ClimateChange, Cambridge UniversityPress, Uk, 2007, citado por SEMARNAT, Programa Especial de Cambio Climático, México 2009. Impreso en español se puede consultar El Informe Stern, Editorial Paidós, 2007 y desde luego en línea.

II. Informe Global de la ONU sobre reducción de Riesgos de Desastres Naturales. Ver: www.wcdrr.org/uploads/UNWCDRR/CH-Es.pdf.

III. Stern, N. op. cit.

IV. Ibid.

V. Jeffrey Sachs, The Age of Sustainable Development. Columbia University Press 2015

VI. Johan Rockström y 28 autoresmás. Planetary Boundaries: Exploring the Safe Opertating Space for Humanity. stockholmrescilience.org

VII. Puede haber otras valoraciones que incluyan más. Esta es una de las formas. Ver SEMARNAT El Cambio Climático: Una Reflexión desde México. 2012.

VIII. Better Climate, Better Growth, Comisión Global sobre Economía Cambio Climático, Figura 10, pg. 39

IX. Inclusive Green Growth: A Pathway to Sustainable Development. World Bank, 2012

X. The New Climate Economy Global Report, versión completa. Ver: www.unilever.com.

XI. La equidad climática es un tema complejo, complicado y muy polémico y no es el objetivo de esta nota.

Rosa E. Montes de Oca
Economista, ha ocupado diversos cargos públicos en áreas de política social, desarrollo rural y ambiente.

Roberto Cabral
Economista y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. También ha ocupado diversos cargos públicos.

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