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Julio 2015

Las enfermedades del hígado se han convertido en un severo problema de salud pública, no sólo por la magnitud que tiene la prevalencia de los padecimientos hepáticos, sino por los niveles de mortalidad que se están alcanzando año con año en todo el territorio nacional.

En efecto, el incremento en los niveles de consumo de alcohol (y otros fenómenos sociales como las adicciones a drogas inyectadas), así como los patrones de consumo de alimentos están generando severos impactos que urgen al diseño de una nueva política pública orientada a la prevención y la generación de hábitos deseables.

Lo anterior es relevante porque, si bien es cierto que los problemas hepáticos implican en sí mismos enormes vetas de complejidad, también lo es el hecho de que hay fenómenos asociados, como los accidentes de tránsito, que están vinculados directamente con el consumo o el abuso en el consumo de alcohol y otras sustancias adictivas.

De acuerdo con la Secretaría de Salud y sus Anuarios de Morbilidad, entre los años que van de 2011 a 2013 se han contabilizado un total de 37,454 nuevos casos de personas que padecen lo que se denomina como “Enfermedad Alcohólica del hígado”, es decir, un padecimiento directamente asociado al consumo del alcohol.

En la misma dimensión se ubican los 117,244 nuevos casos que se registraron en el periodo señalado, catalogados como “Intoxicación aguda” por consumo de alcohol; es decir, personas cuya ingesta alcohólica supera gravemente la capacidad hepática para procesar el alcohol que se encuentra en la sangre.

Como puede verse, se trata de un promedio aproximado a los 51,500 casos anuales, o bien, 141 casos diarios de personas que llegan a los servicios de salud a recibir atención por los padecimientos consignados.

A estas cifras deben añadirse las relativas a las defunciones que se han registrado en los últimos años por enfermedades del hígado, las cuales, de acuerdo con las estadísticas de mortalidad del INEGI, suman para el periodo que va de 2004 al 2013, un total de 286,094 defunciones; es decir, un promedio anual de más de 28 mil muertes por enfermedades del hígado, lo cual implica un promedio diario de 78 defunciones por esta causa en todo el país.

Las enfermedades más recurrentes en este campo son “distintas modalidades de cirrosis no especificadas”, con 117,223 casos; 91,763 defunciones por cirrosis hepática alcohólica; 26,444 casos por insuficiencia hepática “no especificada”; 14,421 casos por “insuficiencia hepática alcohólica”; 8,528 casos por “insuficiencia hepática crónica”; 5,387 casos por “enfermedad hepática alcohólica no especificada”; y 4,060 casos por “hepatitis alcohólica”.

Como puede verse, la mayor carga de la mortalidad por enfermedades hepáticas está vinculada al consumo de alcohol; pero también a otros padecimientos, como la hepatitis, cuya existencia se debe fundamentalmente a una falla en los sistemas de prevención institucional, pero también a prácticas de riesgo asumidas a nivel individual.

Sin duda alguna, el tema es uno de los pilares angulares en la discusión en torno a la complejidad de la cuestión social, y por ello en este mes hemos dedicado nuestra edición a su análisis.

En ese sentido, debo expresar un profundo agradecimiento al Dr. David Kersenobich, una de las autoridades más reconocidas en esta materia, y actual Director del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, quien generosamente coordinó la estructura y contenido de esta edición, así como la selección de las y los expertos que escriben en este número.  

Mario Luis Fuentes Director general del CEIDAS, A.C.; en la UNAM es integrante de la Junta de Gobierno; Coordinador de la Especialización en Desarrollo Social del Posgrado de la Facultad de Economía; Investigador del Programa de Estudios sobre el Desarrollo; y titular de la Cátedra Extraordinaria Trata de Personas. @ML_Fuentes

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