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Más que «algo que decir»

por María Gourley (@GourleyMaria)

El protagonismo que ha tenido desde mediados del siglo XIX hasta la fecha la sociedad civil organizada no es un epifenómeno marginal. Cuestiones tan importantes en términos históricos como el abolicionismo y el derecho al sufragio femenino obedecieron a la organización de agrupaciones ciudadanas de carácter no gubernamental


Si bien el análisis contemporáneo se ha centrado principalmente en la temática de Estado y su relación con la expansión e internacionalización de la economía, junto a la participación del sector corporativo/privado, es indiscutible el importante rol que han jugado las organizaciones no gubernamentales en el resguardo de una democracia participativa y en la construcción de interacciones más justas y propuestas más ecuánimes.

El término “sociedad civil” puede resultar ambiguo y anfibológico. Creo adecuada y comprensible la definición expuesta por el pensador inglés y padre del liberalismo John Locke, que la precisó como “una red de relaciones entre los individuos y las instituciones que ellos crean libremente, al margen de los poderes eclesiásticos y gubernamentales establecidos”, The Second Treatise of Civil Government, 1679. (Vale mencionar que expongo lo anterior como aproximación interpretativa y no como una máxima).

La diferencia fundamental entre las organizaciones sociales y los grupos sociales es que las primeras son estructuras establecidas con objetivos específicos y propósitos comunes, sin fines de lucro y producto de la voluntad y no de la casualidad o las circunstancias. Su tarea principal es la de consensuar, proponer y negociar entre diferentes sectores de la sociedad y con el Estado y el grupo social corresponde a un conjunto orgánico que desempeña roles recíprocos.

Dichas organizaciones, denominadas ONG –Organizaciones No Gubernamentales– pueden ostentar diversos perfiles jurídicos, destacándose la Asociaciones Civiles y Fundaciones. El concepto fue reconocido por Naciones Unidas en su artículo 71 a mediados del siglo XX.

La ONU ha creado sólidos vínculos de colaboracionismo con las organizaciones provenientes de la sociedad civil. Frecuentemente realizan encuentros, ciclos de conferencias y sesiones informativas alrededor del mundo para la incubación de planes de trabajo conjunto, el fortalecimiento y la mutua asesoría.

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Durante la última década, han cobrado gran importancia las ONG ambientalistas y las ONG culturales, sin dejar de tener protagonismo las dedicadas a asuntos relacionados con derechos humanos, que han creado redes de cooperación y asistencia concretas; las ONG de estudio, que brindan servicios de consultoría y análisis sobre sectores vulnerables; y las ONG intermediarias, que proporcionan asesorías y ofrecen asistencia para la solicitud de financiamiento. Su intervención impacta a la sociedad a distintos niveles: económico, cultural, académico, etcétera, y su campo de acción es amplio y diverso.

Las ONG constituyen un claro ejemplo de cómo la articulación y la organización ciudadana pueden velar por sus derechos y crear propuestas concretas para mejorar sus condiciones de vida y establecer nuevas instancias de diálogo. También tienen un testimonio muy revelador que exponer sobre las políticas de Estado y las relaciones de diversos sectores, tanto a nivel local como internacional.

Según datos de Naciones Unidas, existen aproximadamente 40,000 organizaciones no gubernamentales de carácter internacional y cada país a su vez tiene una cantidad estimable de asociaciones civiles operando a nivel nacional.

Reflexionar sobre su actuación resulta fundamental en un mundo convulso por conflictos sociales y económicos. La comprensión de la importancia de las organizaciones sociales y no gubernamentales y su alcance nos permite a su vez vislumbrar el valor y la trascendencia de las interacciones constructivas para hallar respuestas factibles alejadas de expresiones violentas. Corresponde entonces preguntarnos si las respuestas armadas son actualmente la réplica conveniente para alcanzar aspiraciones tales como la equidad y la justicia.

Por ello resulta importante crear, a nivel investigativo, académico y mediático, marcos referenciales para la concepción y difusión de nuevos criterios y contextos que expongan la labor de las ONG e involucren a la ciudadanía de manera activa y participativa y en un área independiente del Estado. 

María Gourley
Artista multidisciplinaria chilena-canadiense, activista, docente y promotora cultural, miembro de la Canadian Alliance of Dance Artists, con estudios superiores en música popular, danza, lenguas y gestión, receptora de beca por excelencia académica otorgada por el Gobierno de Canadá. Se ha desempeñado en coordinación y producción en diferentes países, realizando labores de gestión, coordinación y docencia. En 2008 fue propuesta como “Mujer del año” por la comunidad latinoamericana residente en Vancouver, por su aporte a las artes y a la cultura. @GourleyMaria

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